Poco entusiasmo veo en el periodismo actual, hay demasiada turbación. Cuando empiezas te parece apasionante, vives una realidad mucho más cercana que la de cualquier ciudadano, pero desaparece con el paso de los años porque es más duro e ingrato de lo que parece.
Siempre quise ser periodista, desde niño. En parte por tradición familiar, pero sobre todo por atracción. Mi profesión es muy esclava, aunque muchas veces reconfortante. Me ha permitido viajar por muchos lugares, conocer a personas increíbles, acceder a entornos donde prácticamente solo la prensa tiene acceso… de todo. Es duro porque a diario hay muchos sinsabores, presiones, obstáculos, hay que tomar decisiones sin parar, te expones con cada palabra que escribes o dices. Me gusta y cada día me levanto con ganas, pero si pudiera, si diera marcha atrás, no sería periodista.
En cambio, aún no he escuchado a un corredor de seguros renegar de su elección, es más, repiten que es la mejor profesión del mundo. No lo dudo, porque cuando en una convención hace muchos años un cliente contó el problema que tuvo en su fábrica y textualmente dijo a su corredor “me salvaste la vida”, no hay palabras que encierren más honra.
Si hay algo que certifica la visión del mundo de hoy es la necesidad de ir juntos, de pertenencia a un equipo. La unión en el periodismo es absurda y falsa, inútil. Porque las asociaciones de periodistas solo sirven para mantener en el cargo a figuras derrotadas sin espacio, lo sé bien porque las he sufrido. No hay unión ni dignidad, solo intereses, casi al cien por cien políticos y económicos, que suelen ir de la mano. Otra cosa son las asociaciones de prensa profesional, ahí sí se trabaja por el bien colectivo.
No es así en la mediación de seguros porque la unión se vive con fuerza. Claro que hay interés económico, faltaría más, porque precisamente en algunas asociaciones esa es su atribución, pero es común el esfuerzo. Incluso cuando empresas competidoras se sientan alrededor de la misma mesa. El asociacionismo en la mediación es absorbente, pujante, necesario, influyente y deseable. ¿Cojebro lo representa? Sí claro, por eso hoy está donde está.
La magnitud de su labor se revela en el cliente, en ese que casi pierde su fábrica y en los miles que de forma silenciosa son cuidados, mimados, por los corredores. Desde la simple contratación de una póliza de Hogar hasta el complejo pliego de un ayuntamiento para un seguro de RC que es analizado al detalle o el difícil manejo de riesgos industriales.
Y nunca debemos olvidar el hombro que tienden los corredores cuando más falta hacen, cuando arriba el siniestro. Tenemos muy presentes los últimos y dolorosos desastres y una vez más hay que alabar al conjunto del sector asegurador, pero sobre todo a los corredores, por todo. Es una pena que sea a costa de desgracias, pero su prestigio y dignidad han subido más todavía.
No imagino este sector sin los corredores, no sé cómo podría funcionar ni qué sería de muchas aseguradoras y clientes. Sospecho que tampoco los periodistas especializados en seguros tendríamos sentido sin ellos.
En conclusión, alabados sean los corredores de seguros y su envidiable profesión. Lo importante es que todos les debemos mucho, más de lo que pensamos.


